domingo, 2 de agosto de 2009

JESUS, SIRVIO A LOS DEMAS

¿Te gusta cuando alguien hace algo bueno por ti? Pues bien, no eres el único; en realidad, a todos nos gusta. Jesús lo sabía, y siempre estaba haciendo cosas por otras personas. El dijo: ¨No vine para que me sirvan, sino para servir¨ (Mateo 20:28). Por eso, si queremos ser como el Gran Maestro, ¿qué debemos hacer?... Debemos servir a otros, hacer cosas buenas por ellos. Es cierto que muchas personas no actúan así. En realidad, la mayoría siempre quiere que los demás les sirvan. En cierta ocasión hasta los seguidores de Jesús se comportaron de esta manera. Todos querían ser el más importante.

Un día, Jesús iba con sus discípulos a la ciudad de Capernaum, cerca del mar de Galilea. Al llegar, entraron en una casa. Entonces, Jesús les preguntó: ¨¿Qué discutían en el camino?¨. Ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién era el más importante (Mateo 9:33,34).

Jesús sabía que no estaba bien que alguno de sus discípulos se creyera más importante que los demás. Por eso, como leímos en la pasada reflexión, puso a un niño en medio de ellos y les dijo que debían ser humildes como él. Pero no entendieron. Así que, poco antes de morir, Jesús les enseñó una lección que nunca olvidarían. ¿Qué hizo?...

Pues bien, mientras comían juntos, Jesús se levantó de la mesa y se ató una toalla a la cintura. Después echó agua en una palangana. Sin duda, sus discípulos se preguntaban qué iba a hacer. Mientras observaban, Jesús se agachó y se puso a lavarle los pies a cada uno y a secárselos con la toalla. ¡Imagínate! Si hubieras estado allí, ¿Cómo te habrías sentido?...

A los discípulos no les pareció bien que Jesús, el Gran Maestro les lavara los pies, y se sintieron avergonzados. De hecho, Pedro no quería que Jesús hiciera aquella tarea tan humilde por él. Pero para Jesús era importante, y así se lo explicó a Pedro.

Aunque hoy en día no es costumbre que nos lavemos los pies unos a otros, en tiempos de Jesús sí lo era. ¿Sabes por qué?... Bueno, en el país donde vivían Jesús y sus seguidores, la gente usaba sandalias. Cuando andaban por los caminos llenos de polvo, se les ensuciaban los pies. Por lo tanto, lavar los pies de la persona que visitaba una casa era un acto de bondad. Sin embargo, en aquella ocasión, ninguno de los discípulos se ofreció a realizar esta tarea. Por eso, Jesús mismo lo hizo. Así enseñó a sus seguidores una lección que necesitaban aprender. Nosotros también debemos aprenderla.

¿Sabes qué lección era?... Cuando Jesús volvió a sentarse a la mesa, explicó: ¨¿Saben lo que les he hecho? Ustedes me llaman: ´Maestro´, y, ´Señor´, y hablan correctamente, porque lo soy. Por eso, si yo, aunque soy Señor y Maestro, les he lavado los pies a ustedes, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros (Juan 13:2-14).

El Gran Maestro les mostró que quería que fueran serviciales. No quería que pensaran solo en sí mismos ni que se creyeran tan importantes que los demás siempre deberían serviles. Quería que estuvieran dispuestos a servir a otros. ¿Verdad que fue una buena lección?... Y tú, ¿Serás como el Maestro Jesús y servirás a los demás?... Todos podemos hacer cosas por otros. Eso los hará felices. Pero lo más importante es que hará felices a Jesús y su Padre.

A veces, la gente no nos agradecerá que la ayudemos. ¿Crees que por eso deberíamos dejar de hacer lo bueno?... No. Muchas personas no le agradecieron a Jesús sus bondades, pero eso no lo desanimó. Por lo tanto, nunca dejemos de servir a otras personas. Recordemos al Gran Maestro, Jesús, e intentemos seguir siempre su ejemplo.

Nota: hay otros textos bíblicos que hablan de ayudar a los demás, como Proverbios 3:27, 28; Romanos 15:1,2, y Gálatas 6:2.









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